Decidida a transitar por renovados océanos musicales, la metamorfosis de Angela Pardal hacia la heterodoxia pop la ha llevado a dar un giro de 180 grados hacia parajes contextualizados por una fauna referencial fantástica única y personal. Un puente entre lo queer y el surrealismo, un cuento lleno de capítulos oníricos y encuentros mágicos con las criaturas más salvajes de su propia mitología.
Nunca antes se había sentido tan plena ni con esta efervescencia creativa a la hora de descifrar el enigma de todo lo que ocurre en su imaginación, de comprender su mundo y el mundo que la rodea para transformar esa energía en canciones.
Todo se ilumina como un arco iris y la única forma de canalizar ese torrente de sensaciones es a través de ejercicios de pop impresionista repletos de emociones. O lo que ella entiende como su forma de mutar hacia la sencillez desde la complejidad, de sonar a ella, totalmente autónoma. Así sucede en “Campo caída”, su inminente LP, un juego de fantasía, libre, sin prejuicios y con la confianza necesaria para dejar que aflore el crisol de sensaciones que forman su universo interior.